Aullido en la oscuridad
...Bum, bum... Cuál reloj. Milésimas, segundos, minutos, horas... Todo tic-tac empieza y acaba, todo tic-tac marca el tempo de una vida. Pero, ¿qué vida? ¿Una maldita o una vida benévola? La naturaleza no entiende de clasificaciones. No entiende tampoco de razas u objetivos. Tampoco de futuro ni de pasado
...Bum, bum... Cuál rutina. Terca y constante. Ni un momento de descanso, sólo acompasada en bocanadas de aire muchas veces contaminadas por unas ganas u otras de seguir adelante. ¿Felicidad? ¿Tristeza? Más que parte de la naturaleza, es parte de la identidad humana. Si no pensáramos en beneficios o perjuicios, no habría felicidad. Si no catalogáramos los hechos, sensaciones, no seríamos felices.
...Bum, bum... Cuál sombra en la oscuridad. No lo vemos, no lo sentimos más que cuando nos callamos. El alma, el espíritu. Eso que pesa menos que todo e importa más que nada. Eso que hemos descrito tantas veces, con inteligencia o creencia. Con razón o sin razón, hay sin duda algo que te encoge el estómago, te engrandece el instinto y, con el más mínimo roce, hace que lo invisible sea corpóreo
...Bum, bum... Cuál pareja de enamorados. Dejándose querer por proximidad. Enlazados por ser el contrario uno del otro, pero a la vez ser el mismo ser. Un corazón al unísono. Un latido compuesto de dualidad, de un acompasado sentimiento de vida.
...Bum, bum... Cuál aullido en masa en la oscuridad. Una manada de lobos ataca el alma: pena, gloria, resentimiento, egoísmo, venganza, alegría. Todos a la vez, y encontramos sólo uno. Depende del momento, pero quizá, todos aullemos por dentro. Sea oscuro el día, clara la noche. Deja sacar tu verdadero yo. Deja sacar el lobo, el león. Aullemos. Nos oirán todos ...Bum, bum...

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