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La soledad de la información

Llegar a casa y poner la tele. Antes quizá era algo más habitual, pero en mi caso ya no existe. Trabajar en el mundo de la información me ha abierto a una realidad dolorosa. No miro las noticias a modo de espectador, sino que las analizo. No las clasifico en si son buenas o malas. Las analizo -o eso intento- de forma reacia, pensando en qué palabras se utilizan. Y, cada vez más, abundan adjetivos. Un adjetivo puede ser descriptivo, pero en la era de internet, es lo que marca la diferencia. El adjetivo, entonces, adquiere una importancia exagerada. Con el adjetivo ya no se describe, sino que se opina. Y ahí entra en juego la ética. Siempre he creído que el bien y el mal se explican de forma mecánica. Pero, ¿qué es una buena acción y qué es una mala acción? Por ejemplo: Para un dictador, matar u oprimir a quiénes no piensan como él es bueno. Para otros, es malo. Por eso, la ética desaparece y entra en juego el factor beneficio personal. Si existe beneficio, es bueno. Sino, es malo....

Bendita rutina

Es fácil normalizar los rutinarios trayectos al trabajo, convirtiéndolos en transición. Como esos descansos en los partidos de futbol, o las neutralizaciones en la NASCAR. Pero no, no son transiciones. Ir a trabajar es algo que me llama la atención. Nunca sabes qué te encontrarás. Sea con el tierno calor de las tardes en primavera, o con el frescor matutino cargado de humedad. Con el silencio, con el trajín de la sociedad. ¿Qué esconderán las vidas de las personas que suben y bajan de forma mecánica del transporte público? Y cuando uno se ha subido al transporte público, veo a un padre orgulloso de su retoño. En ese momento intento pensar como el padre. Sin mediar palabra, con miradas y la sonrisa en la cara, le hago entender que le felicito por el renacuajo. El orgullo de padre me devuelve la sonrisa, en tono de agradecimiento. Sonrío al pequeñajo, que me mira de forma curiosa y, tras unos segundos, sonríe también. Su mirada, inocente, queda semiescondida bajo un gorro. Qué sencil...

Porque el 3 es la mitad del 8

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Cinco años después. Uno piensa y ve cuánto le ha cambiado la vida. Hace 5 años la ilusión de trabajar en un mundo anhelado, un mundo que parecía lejano. En 2013 pisé por primera vez unos test de F1 como prensa. Cinco años después, regreso. Porque un lapso de cinco años da para mucho. Para caer, levantarse, caer de nuevo, ganar algunos kilitos y; si hace falta, ser un poco más honesto, precavido y respetuoso. Pero creo que esto es parte de la edad. Espero con ganas volver a pasar por las puertas del Circuit. Es una segunda casa para mí, y no he fallado un solo año como prensa. Sea de F1, GP2, World Series, Blancpain GT Series, 24h Series e incluso WTCC en 2015. Ojalá pudiese vivir en él, es un lugar de paz para mí. Y hablando de lugar de paz, la televisión es parte de mi vida ya. Quién lo iba a decir hace cinco años. En 2013 nos arriesgamos Héctor Sagués y un servidor a dar la NASCAR y los V8 Supercars en CadenaMotor. Cinco años después, haré lo mismo pero en televisión. Eso s...