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Cuando florecen las flores

Antes o después, todos tenemos un momento de lucidez en un mar de dudas. Entre balance de errores, causa de errores y algunos que otros aciertos, la mente permanece dormida. Con ello, se oculta la verdadera identidad y desdibujamos nuestro presente y nuestro futuro. A veces, no se puede evitar. Ocultar nuestro potencial es más normal de lo que pueda parecer. No confiamos en él. No confían en él. Y eso nos quema. Nos quema el saber que existe opción, pero inconscientemente nos cortamos las alas.  No lo negaré: hace mucho que no he vuelto a querer. Esa sensación corrió por mis venas, aumentó los latidos de mi corazón. Pero, como no soporto esa sensación, extraigo de mi ser la capacidad de amar. Y todo de forma inconsciente.  Leí hace poco, de nuevo, la parte final de la saga de Harry Potter. La importancia de elegir, la importancia de saber amar. Eso se explica, y es lo que nos hace ser humanos. Y precisamente me encanta ver esa capacidad de amar en la gente.  Nuestra fra...

Desgaste

Todo tiene su límite. Todos tenemos ese momento en el que explotamos, en el que nuestra identidad nos da relativamente igual y sólo queremos que acabe todo. Con las palabras, pasa lo mismo. Se pierde esa identidad en el momento en el que no se usan en su contexto ideal. Terroristas. Fachas. Separatas. Estas tres palabras ruedan y ruedan por las redes sociales. Todo insulto posible y por haber. Magnificamos hechos que no deberían magnificarse. Se señala y se humilla a nivel social. A nivel político. Al enemigo, ni agua. Y todo se tensa. Hasta la palabra democracia se ha perdido en el olvido. No sabemos lo que es la democracia. ¿Por qué? Porque se cree que la democracia es que te den la razón, sea cual sea la petición popular. Porque es "el poder del pueblo", y no. No trata de eso. No trata de que sea blanco o negro. La democracia trata de entenderse entre diferentes posturas y sacar un país/estado/nación adelante. La sociedad es la que debe entenderse, pero no estamos para e...

La sociedad 'Peter Pan'

La sociedad cada vez es más parecida a un niño pequeño. En el político, no hay día en que no piense: "quién lo dice lo es, el mundo al revés" o lo de "a mi me rebota, y en tu culo explota". Las fuerzas políticas se enrocan en sus mantras y verdades. Porque sí, para la política sólo hay una verdad y es la propia, sin tener en cuenta argumentos contrarios. ¿Que alguien expone esos argumentos contrarios? Es un mentiroso y alguien que debería estar en prisión sin fianza, candados a la cama y a base de pan y agua turbia. E incluso para algunos eso sería ver vivir a sus rivales políticos en demasiada comodidad. En el aspecto físico, la apariencia casi de niño es patente. Colores claros, barbas que desaparecen, cuerpos sin músculo claro y dimensiones relativamente pequeñas. Dependerá de gustos, pero se vanagloria la adolescencia como la mejor etapa de la vida cuando, en términos generales, es de la que más se queja todo el mundo a toro pasado. ¿Es en la que más pasión ...

La soledad de la información

Llegar a casa y poner la tele. Antes quizá era algo más habitual, pero en mi caso ya no existe. Trabajar en el mundo de la información me ha abierto a una realidad dolorosa. No miro las noticias a modo de espectador, sino que las analizo. No las clasifico en si son buenas o malas. Las analizo -o eso intento- de forma reacia, pensando en qué palabras se utilizan. Y, cada vez más, abundan adjetivos. Un adjetivo puede ser descriptivo, pero en la era de internet, es lo que marca la diferencia. El adjetivo, entonces, adquiere una importancia exagerada. Con el adjetivo ya no se describe, sino que se opina. Y ahí entra en juego la ética. Siempre he creído que el bien y el mal se explican de forma mecánica. Pero, ¿qué es una buena acción y qué es una mala acción? Por ejemplo: Para un dictador, matar u oprimir a quiénes no piensan como él es bueno. Para otros, es malo. Por eso, la ética desaparece y entra en juego el factor beneficio personal. Si existe beneficio, es bueno. Sino, es malo....

Bendita rutina

Es fácil normalizar los rutinarios trayectos al trabajo, convirtiéndolos en transición. Como esos descansos en los partidos de futbol, o las neutralizaciones en la NASCAR. Pero no, no son transiciones. Ir a trabajar es algo que me llama la atención. Nunca sabes qué te encontrarás. Sea con el tierno calor de las tardes en primavera, o con el frescor matutino cargado de humedad. Con el silencio, con el trajín de la sociedad. ¿Qué esconderán las vidas de las personas que suben y bajan de forma mecánica del transporte público? Y cuando uno se ha subido al transporte público, veo a un padre orgulloso de su retoño. En ese momento intento pensar como el padre. Sin mediar palabra, con miradas y la sonrisa en la cara, le hago entender que le felicito por el renacuajo. El orgullo de padre me devuelve la sonrisa, en tono de agradecimiento. Sonrío al pequeñajo, que me mira de forma curiosa y, tras unos segundos, sonríe también. Su mirada, inocente, queda semiescondida bajo un gorro. Qué sencil...

Porque el 3 es la mitad del 8

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Cinco años después. Uno piensa y ve cuánto le ha cambiado la vida. Hace 5 años la ilusión de trabajar en un mundo anhelado, un mundo que parecía lejano. En 2013 pisé por primera vez unos test de F1 como prensa. Cinco años después, regreso. Porque un lapso de cinco años da para mucho. Para caer, levantarse, caer de nuevo, ganar algunos kilitos y; si hace falta, ser un poco más honesto, precavido y respetuoso. Pero creo que esto es parte de la edad. Espero con ganas volver a pasar por las puertas del Circuit. Es una segunda casa para mí, y no he fallado un solo año como prensa. Sea de F1, GP2, World Series, Blancpain GT Series, 24h Series e incluso WTCC en 2015. Ojalá pudiese vivir en él, es un lugar de paz para mí. Y hablando de lugar de paz, la televisión es parte de mi vida ya. Quién lo iba a decir hace cinco años. En 2013 nos arriesgamos Héctor Sagués y un servidor a dar la NASCAR y los V8 Supercars en CadenaMotor. Cinco años después, haré lo mismo pero en televisión. Eso s...

Un sueño... ¿o es real?

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No siempre gozamos de esa felicidad que anhelamos y que contínuamente buscamos. El abismo es algo que nos hace recapacitar, y estar al borde del precipicio abre dos vías: o abandonar o luchar para no caer. Y he estado en ese borde, viendo ante mí parte de mi vida. No es sencillo decidir. En ese abismo hay que actuar, hay que pensar. Hay que comprender que en el cargador sólo queda una bala, y que pocas veces acertarás. Tuve la suerte de no fallar, pero no por mí, sino por quiénes me agarraron del brazo y me devolvieron a esa tierra que busqué sin parar. Una búsqueda de la que casi acabo harto. Hace doce meses pensé en abandonar mi sueño. No había beneficios, no había futuro. Es algo que llevo dentro, desde que era un crío, y no sabéis lo duro que se me hace plantear una decisión tan complicada. Entonces, en medio de la duda, apareció una mano. Una llamada de teléfono bastó. Costó encarrilar el vagón y lanzarse ladera abajo. Casi descarrila ese vagón cuando, a última hora, s...