Desgaste
Todo tiene su límite. Todos tenemos ese momento en el que explotamos, en el que nuestra identidad nos da relativamente igual y sólo queremos que acabe todo. Con las palabras, pasa lo mismo. Se pierde esa identidad en el momento en el que no se usan en su contexto ideal.
Terroristas. Fachas. Separatas. Estas tres palabras ruedan y ruedan por las redes sociales. Todo insulto posible y por haber. Magnificamos hechos que no deberían magnificarse. Se señala y se humilla a nivel social. A nivel político. Al enemigo, ni agua. Y todo se tensa. Hasta la palabra democracia se ha perdido en el olvido. No sabemos lo que es la democracia. ¿Por qué? Porque se cree que la democracia es que te den la razón, sea cual sea la petición popular. Porque es "el poder del pueblo", y no. No trata de eso. No trata de que sea blanco o negro. La democracia trata de entenderse entre diferentes posturas y sacar un país/estado/nación adelante. La sociedad es la que debe entenderse, pero no estamos para eso. No en la situación actual. Porque la sociedad también tiene un límite
En ese límite, la cuerda se tensa. Llevamos tiempo con ella deshilachada y maltratada. Y no se hace nada, porque da más rédito tenerla al borde de la quiebra. Un rédito político, social y económico. Al resto, que nos zurzan. Porque está de moda ofenderse. Porque está de moda sacar partido de los ofendidos. Hasta que explotan.
Y eso es lo peor. Que se ha explotado y nadie va a apagar el fuego hasta que no vean perjuicios. A ver quién es el que se atreve a cambiar la cuerda. ¿Para qué conocer el pasado, si lo volvemos a sacar una y otra vez para avivar unas llamas que estaban al borde de extinguirse? Un conflicto no se olvida, y menos una guerra entre hermanos. ¿Queremos realmente permanecer en paz? No lo tengo claro, pues la predisposición a señalar y a sacar el baúl enterrado bajo una cruz está a la orden del día. Porque da votos. Porque hay revanchismo. Y es muy triste que sea así. De una banda y de otra.
Como sociedad debemos aprender. Como personas, debemos aprender. La historia nos ha dado muchos ejemplos de cómo no hay que hacer las cosas. Pero qué más da. Sólo señalamos. Sólo atizamos. Nunca tenemos la culpa, pero a la vez nos la echan siempre. Y eso, desgasta. Al final, la cuerda llegará a su límite.
Terroristas. Fachas. Separatas. Estas tres palabras ruedan y ruedan por las redes sociales. Todo insulto posible y por haber. Magnificamos hechos que no deberían magnificarse. Se señala y se humilla a nivel social. A nivel político. Al enemigo, ni agua. Y todo se tensa. Hasta la palabra democracia se ha perdido en el olvido. No sabemos lo que es la democracia. ¿Por qué? Porque se cree que la democracia es que te den la razón, sea cual sea la petición popular. Porque es "el poder del pueblo", y no. No trata de eso. No trata de que sea blanco o negro. La democracia trata de entenderse entre diferentes posturas y sacar un país/estado/nación adelante. La sociedad es la que debe entenderse, pero no estamos para eso. No en la situación actual. Porque la sociedad también tiene un límite
En ese límite, la cuerda se tensa. Llevamos tiempo con ella deshilachada y maltratada. Y no se hace nada, porque da más rédito tenerla al borde de la quiebra. Un rédito político, social y económico. Al resto, que nos zurzan. Porque está de moda ofenderse. Porque está de moda sacar partido de los ofendidos. Hasta que explotan.
Y eso es lo peor. Que se ha explotado y nadie va a apagar el fuego hasta que no vean perjuicios. A ver quién es el que se atreve a cambiar la cuerda. ¿Para qué conocer el pasado, si lo volvemos a sacar una y otra vez para avivar unas llamas que estaban al borde de extinguirse? Un conflicto no se olvida, y menos una guerra entre hermanos. ¿Queremos realmente permanecer en paz? No lo tengo claro, pues la predisposición a señalar y a sacar el baúl enterrado bajo una cruz está a la orden del día. Porque da votos. Porque hay revanchismo. Y es muy triste que sea así. De una banda y de otra.
Como sociedad debemos aprender. Como personas, debemos aprender. La historia nos ha dado muchos ejemplos de cómo no hay que hacer las cosas. Pero qué más da. Sólo señalamos. Sólo atizamos. Nunca tenemos la culpa, pero a la vez nos la echan siempre. Y eso, desgasta. Al final, la cuerda llegará a su límite.
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