Las apariencias engañan
El frondoso bosque se hallaba ante mí. Multitud de voces persiguiéndome, gritando algo que no llegaba a entender. ¡Qué pesados! ¡Cómo si yo fuera algo de otro mundo! Decidí esperar detrás de un árbol, aunque sería bastante lógico que me encontraran allí. Poco me gustaba internarme en el pinar. La temperatura en aquella época del año era agradable en su justa medida, pero siempre quedaba ese refrescante vientecito que ondeaba mi pelo. Un cabello tan bien cuidado gracias a los múltiples baños que me he dado en el río. ¡Ese agua tan pura y limpia! Me encantaba dejarme llevar por la corriente. Y lo mejor es que me sabía el regreso a casa por arte de magia. ¿Olores? ¿Pistas visuales? No las necesitaba, mis piernas se movían como si fuera algo mecánico, que supiera desde antes de nacer. Y no fue una excepción. Mis pisadas, silenciosas, me internaron en el basto bosque, con ganas de seguir trotando hasta límites insospechados. La libertad me había hecho olvidar mi posición. Un grupo des...