Cuando florecen las flores
Antes o después, todos tenemos un momento de lucidez en un mar de dudas. Entre balance de errores, causa de errores y algunos que otros aciertos, la mente permanece dormida. Con ello, se oculta la verdadera identidad y desdibujamos nuestro presente y nuestro futuro.
A veces, no se puede evitar. Ocultar nuestro potencial es más normal de lo que pueda parecer. No confiamos en él. No confían en él. Y eso nos quema. Nos quema el saber que existe opción, pero inconscientemente nos cortamos las alas.
A veces, no se puede evitar. Ocultar nuestro potencial es más normal de lo que pueda parecer. No confiamos en él. No confían en él. Y eso nos quema. Nos quema el saber que existe opción, pero inconscientemente nos cortamos las alas.
No lo negaré: hace mucho que no he vuelto a querer. Esa sensación corrió por mis venas, aumentó los latidos de mi corazón. Pero, como no soporto esa sensación, extraigo de mi ser la capacidad de amar. Y todo de forma inconsciente.
Leí hace poco, de nuevo, la parte final de la saga de Harry Potter. La importancia de elegir, la importancia de saber amar. Eso se explica, y es lo que nos hace ser humanos. Y precisamente me encanta ver esa capacidad de amar en la gente.
Nuestra fragancia pasa por querer y dejarnos querer. Me he declarado a mi persona. He admitido que pude sentir algo por alguien, pero no he tenido valor para seguir adelante con ese sentimiento. Por miedo a que no fuese correspondido. Por miedo a que la semilla creciese y acabase sin agua.
Sí, tengo miedo a no ser querido. Puedo sentirme como el puto amo cuando pienso en la suerte de tener el trabajo de mis sueños. Después, cuando dejo los cascos, me siento el ser más diminuto del mundo, ese que nadie ve. Una semilla en pleno bosque.
Quiero sentir mi fragancia de nuevo. Esa sensación de abrir mi flor interior, y de poder sonreir. Sé que está oculta, pero necesito el sol que abra los pétalos. Florecer y estar más cerca de sentirme más humano.
Comentarios
Publicar un comentario