Una bala en nuestra boca

Un disparo. Tan o más rápido que la palabra. Mediar con las personas tercas es casi imposible. Escudo antibalas en mano y una cabeza que absorbe cualquier impacto de lógica. Un blindaje digno de las películas de súper-héroes, de esos que no mueren por palabras y a los que todo sale siempre bien.

Superar lo insuperable. Romper la barrera del sonido con esfuerzo. Lo que nadie ve, pero de lo que todo el mundo habla. Coaccionar a personas de hacer esto o lo otro, y hacerlo por diversión y maldad, suele hacer que perdamos algunos la voluntad de vivir. Todo por una bala disparada por una escopeta a la que se puede derrotar. Pero, para ello, necesitamos un escudo antibalas.

Un material indestructible es la confianza. Esa que no te puede fallar en los peores momentos, por que te puedes caer del fino hilo por el que caminamos todos. Pero, a falta de dificultad, llegan temblores por culpa de terceros. El funambulismo que ejercemos es tal que nuestras vidas están a veces descompensadas. Todo por que hay ilógicos "ricachones de personalidad " que se agarran a tu barra de equilibrio, que intentan tirarte a un abismo lleno de púas.

Unas púas que evitamos gracias a esas manos que te vuelven a levantar. Si estás leyendo esto, gracias por hacerme sonreír, por entenderme y por tenerme en cuenta. Eres mi escudo antibalas, mi goma elástica. Esa que impide que desaparezca en el olvido. Por que hay muchas balas, pero la mejor de ellas, es la sonrisa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Bendita rutina

Cuando florecen las flores

Desgaste