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Inconformismo

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No hace falta ser un lumbreras para descubrir como nos sentimos y el por qué. No vale eso de cargarle la culpa al tiempo, o a un cordón desatado. Una culpa que cargamos todos en la memoria, retina o dónde quiera que tengamos al monstruo del remordimiento. Un monstruito que, pese a ser pequeño o invisible para muchos, es el que más daño hace. Si le tenemos susurrando cosas en nuestro oído, no nos daremos cuenta. Es tan sencillo como pasar de admitir la culpa y quejarse por quejarse. Sacamos un odio interno hacia todo. Le chillamos al primero que pasa, como si tuviera la culpa de hacer demasiado ruido. De esa forma, se despierta al monstruo llamado inconformismo. Por que es lo que pasa, no estamos conformes con nuestro estado de ánimo. No reflexionamos, o se tiende a hacer poco. Esa reflexión es como el agua evaporada. Nos va restando ánimo, acumulándose en forma de nubes negras en nuestros ojos, en nuestro corazón. Una tormenta que retumba en nuestra cabeza. Unos relámpagos que nos...

Las apariencias engañan

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El frondoso bosque se hallaba ante mí. Multitud de voces persiguiéndome, gritando algo que no llegaba a entender. ¡Qué pesados! ¡Cómo si yo fuera algo de otro mundo! Decidí esperar detrás de un árbol, aunque sería bastante lógico que me encontraran allí. Poco me gustaba internarme en el pinar. La temperatura en aquella época del año era agradable en su justa medida, pero siempre quedaba ese refrescante vientecito que ondeaba mi pelo. Un cabello tan bien cuidado gracias a los múltiples baños que me he dado en el río. ¡Ese agua tan pura y limpia! Me encantaba dejarme llevar por la corriente. Y lo mejor es que me sabía el regreso a casa por arte de magia. ¿Olores? ¿Pistas visuales? No las necesitaba, mis piernas se movían como si fuera algo mecánico, que supiera desde antes de nacer. Y no fue una excepción. Mis pisadas, silenciosas, me internaron en el basto bosque, con ganas de seguir trotando hasta límites insospechados. La libertad me había hecho olvidar mi posición. Un grupo des...

Una bala en nuestra boca

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Un disparo. Tan o más rápido que la palabra. Mediar con las personas tercas es casi imposible. Escudo antibalas en mano y una cabeza que absorbe cualquier impacto de lógica. Un blindaje digno de las películas de sú per-héroes , de esos que no mueren por palabras y a los que todo sale siempre bien. Superar lo insuperable. Romper la barrera del sonido con esfuerzo. Lo que nadie ve, pero de lo que todo el mundo habla. Coaccionar a personas de hacer esto o lo otro, y hacerlo por diversión y maldad, suele hacer que perdamos algunos la voluntad de vivir. Todo por una bala disparada por una escopeta a la que se puede derrotar. Pero, para ello, necesitamos un escudo antibalas. Un material indestructible es la confianza. Esa que no te puede fallar en los peores momentos, por que te puedes caer del fino hilo por el que caminamos todos. Pero, a falta de dificultad, llegan temblores por culpa de terceros. El funambulismo que ejercemos es tal que nuestras vidas están a veces descompensadas....

Recargar la pluma

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Un escrito. ¿Qué es para nosotros? Algunos lo enfocan desde un punto de vista muy informativo. El periodismo directo triunfa a lo largo de internet. La red es un lugar dónde todos podemos informar. Pero, ¿cómo hacerlo? Cómo he dicho, todo el mundo sabe informar. Dar un resultado deportivo, el anuncio de la ruptura de una pareja e , incluso, lo que hacemos a diario. El mundo está cargado de información. Si ya nos sorprendemos con un terabyte, no me imagino la cantidad de megas que contiene nuestro mundo. Nuestro corazón esconde lugares inóspitos a los que quizá sólo accedamos en sueños. ¿Cómo notificar esa realidad? Nuestro cerebro tiende a descartar hechos por improbables: ver un unicornio, o que el cielo se torne verde. Una fantasía que nos ayuda a seguir adelante. Nos ayuda a cargar nuestras plumas. Unas plumas que poseen nuestra sangre como tinta y nuestro día a día como argumentos. Hablar por escrito, y escribir por hablar. Deberíamos jugar a hacer lo contrario. Los sueños ...

El bello amante

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Por esos momentos juntos. Por esos gestos. Por esos latidos. Tanto te debo que me atrevo a decir que estoy enamorado de ti. Sí, un chico como yo enamorado de ti. Sabes a lo que me refiero, a esa esfera en la que sólo vivimos tu y yo. Nuestros pensamientos. Nuestra vida. ¿Por qué pareces tan lejana de vez en cuando? ¿Por qué tienes que ser tan revoltosa y tunante? Sabes perfectamente que te amo con locura, y que sin ti, no soy nadie. Tu eres mi aire para respirar, eres mi cielo, mi noche. Los atardeceres y los amaneceres son muy ambiguos. Pero, ¿qué serían esos momentos de alegría sin ellos? ¿Y qué serían esos momentos de aprendizaje? A veces parece que juegues conmigo. No soy una carta a descartar. No soy tu ficha de Monopoly que envías continuamente a una cárcel de pobreza. Y cuando puedo ahorrar, me haces caer en la casilla lila, la más cara de todas. Pero te sigo queriendo, porque como tú, ninguna. ¿Lo mejor de todo? Es que pese que llevo tiempo amándote, no...

M.A.N.S

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En estas fechas todos os acordáis de personas importantes para vosotros. Unas se renuevan segundo a segundo, con un abrazo, con un saludo o una conversación. Pero, ¿y de las que ya no están? Muchos pensaréis que olvidar el amor es lo mejor que se puede hacer, para no caer en la tentación del dolor más profundo. Un dolor que te desgarra y te desangra anímicamente. Tanto es el poder de la mente humana, que podemos convencernos de algo que quizá sea ficción. Y es que el amor te ayuda a mejorar. Me da igual no olvidar, porque a todas esas personas que he amado con fuerza y locura, son parte de mi pasado, presente y futuro. Con la ayuda de sus manos crecí. Amores no correspondidos, destruïdos por los celos o por personas vacías de humanidad. MANS, vosotras cuatro estáis en mí. Sí, os quiero aún, de forma única. No lo leeréis, pero personalmente, os mando un "muchas gracias".  A tí M , por darme con el palo de la realidad en la cabeza. Te tuve afecto, pero no tanto como pa...

Lo que éramos

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¿Recuerdas? Aquellos momentos abrazados a una paperina llena de castañas, acurrucándonos para evitar ese frío típico de Octubre y típico de Noviembre. No había guante o prenda que impidiera que ese frío nos llegara a los huesos. Un frío vahído que se alojaba en nosotros, pero no en nuestro corazón. ¿Recuerdas? También el olor de las castañas nos hundía en una atmósfera familiar, tradicional. No había niño que no sonriera al oler esos frutos secos calentitos, notando como el estómago se los pedía. Tampoco faltaba la sonrisa permanente de la adorable anciana que nos las vendía. Uno no puede dejar de mirar a su alrededor, y ya no vemos esa ilusión de pedirle las castañas en los niños. Disfrazados, acompañados a los lejos de sus padres, van en busca de nuevos retos. ¿O quizá de una idea equivocada de sus raíces? Me sorprende la cantidad de cambios que han ocurrido en los últimos años. No le encuentro el porqué. No encuentro explicación para permitir la pérdida de la tradición en pos...